Quien tiene una piscina en casa sabe que no todo es tan idílico como parece. Hay días de verano en los que el agua sigue estando fría. Y ya no digamos fuera de temporada. La mayoría de las piscinas particulares en España apenas se usan dos o tres meses al año. Por eso, muchos propietarios se plantean cómo alargar ese disfrute sin que suponga un derroche de energía. Y ahí es donde entran las bombas de calor para piscinas. Una solución práctica, eficiente y que, a largo plazo, resulta rentable.
Pero ¿Qué son exactamente? ¿Cómo funcionan? ¿Y cómo se instalan sin complicarse demasiado? Vamos paso por paso.
Qué es una bomba de calor para piscina
La bomba de calor es un sistema de climatización diseñado para calentar el agua de la piscina. Su función es sencilla: Mantener la temperatura dela gua constante para disfrutar de tu piscina desde la primavera hasta bien entrado el otoño, e incluso durante todo el año si la piscina está cubierta.
Su gran ventaja es que no genera calor de forma directa, como haría un calefactor eléctrico, sino que lo extrae del aire exterior y lo transfiere al agua. Y aunque esto pueda parecer contradictorio ¿Cómo va a calentar agua si el aire está frío?, lo cierto es que es una tecnología muy eficaz. Funciona incluso en días frescos, siempre que la temperatura exterior no sea extremadamente baja.
El resultado es un agua templada de forma constante, con un coste energético mucho menor del que imaginas. Por eso las bombas de calor son cada vez más populares entre quienes buscan un sistema eficiente y sostenible para climatizar su piscina.
Funcionamiento de las bombas de calor
El funcionamiento de una bomba de calor se basa en los principios de la termodinámica, muy similares a los de un aire acondicionado o un frigorífico, pero invertidos.
Todo empieza con un ventilador que capta el aire exterior. Aunque ese aire esté frío, sigue conteniendo energía térmica que se puede aprovechar. Esa energía pasa a un gas refrigerante que circula por un circuito cerrado dentro de la bomba. Al comprimirse, este gas alcanza una temperatura alta. A través de un intercambiador de calor, esa energía se transfiere directamente al agua que circula por el sistema de filtración de la piscina. Después, el gas vuelve a su estado original y el ciclo se repite.
Este proceso permite que por cada unidad de electricidad que consume el aparato, se generen entre 4 y 5 unidades de calor. Esa es la clave de su eficiencia. Es decir, no solo calientan bien, sino que lo hacen gastando muy poco en comparación con otros métodos tradicionales como calentadores eléctricos, calderas de gas o sistemas de energía solar aislados.
Instalación en la piscina
La instalación de una bomba de calor no requiere grandes obras, pero sí debe estar bien planteada. Lo ideal es colocarla cerca del sistema de filtración de la piscina, normalmente entre el filtro y el retorno de agua. También es importante que esté en un espacio exterior bien ventilado, para que pueda captar el aire con facilidad. No vale cualquier rincón cerrado o sin ventilación: el aire es su fuente de energía y necesita circular libremente.
Desde el punto de vista hidráulico, la bomba se integra en el circuito de la piscina, de forma que el agua ya filtrada pase por el intercambiador antes de volver a la piscina. Algunas instalaciones incorporan una válvula bypass para poder anular la bomba en invierno o cuando no se necesita, alargando así su vida útil.
En cuanto a la parte eléctrica, es habitual que necesite una toma de corriente dedicada y un cuadro eléctrico con protecciones. Nada del otro mundo, pero conviene dejarlo en manos de un profesional que pueda garantizar que todo queda bien conectado y protegido.
En modelos más avanzados, la bomba de calor puede conectarse a un termostato digital que permite programar la temperatura exacta deseada. También existen modelos compatibles con instalaciones solares, de forma que el consumo eléctrico se reduce prácticamente a cero en días soleados.
Cuánto cuesta instalar una bomba de calor en la piscina
El precio varía en función de la potencia necesaria, la marca y las características del modelo. Para una piscina mediana, los precios suelen oscilar entre 1.500 y 3.500 euros. A eso hay que sumar la instalación, que ronda los 300-800 euros, dependiendo de si hay que hacer adaptaciones en el sistema hidráulico o eléctrico.
Puede parecer una inversión considerable, pero si se compara con el coste de mantener una piscina sin usar durante 9 meses al año, la balanza se equilibra rápido. Además, en muchos casos, el gasto energético mensual no supera los 50-60 euros, incluso con un uso intensivo. Y si el sistema se complementa con placas solares, el ahorro es todavía mayor.
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